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Bomberos, ante el piso de las vícimas ya precintado. | // IÑAKI OSORIO
Estado en el que quedó el piso tras el incendio INAKI OSORIO
Dos mujeres fallecieron en el incendio registrado pasadas las siete de la mañana de ayer en el tercer piso del edificio número 3 de la calle Manuel Lago, en el barrio ourensano de Covadonga. La virulencia de las llamas, que salían por las ventanas del piso en el que se encontraban las víctimas, obligó a desalojar a todos los vecinos ante el temor de que el fuego y el humo pudieran propagarse.
La fallecidas son Valentina C.D., de 71 años y natural de Santo Domingo, y su amiga Edilma, de 50, esta oriunda de Brasil, que había venido a pasar las navidades en la casa de su amiga. Valentina tenía el sueño de volver a su país, según explica su vecina y amiga Pilar, un sueño truncado en la mañana de ayer en este incendio que conmocionó a todos los vecinos y en el que también falleció Jon, el querido yorkshire de Valentina.
Captura de vídeo del incendio a las 7.30 de la mañana de ayer
Un repartidor fue el primero que detectó las llamas saliendo por una ventana de la tercera planta, en la que vivían las víctimas, y dio la voz de alerta. Hasta el lugar se desplazaron además de efectivos de la Policía Local, la Policía Nacional y ambulancias medicalizadas, tres unidades de bomberos, que sofocaron el incendio, atacando las llamas tanto desde el interior, a través de la puerta de acceso a la vivienda, como desde la fachada posterior del edificio, pero nada se pudo hacer por la vida de las dos mujeres, una de las cuales yacía en el pasillo y otra en el baño de la vivienda.
Los sanitarios solo pudieron certificar el fallecimiento de ambas mujeres y, momentos después, el juez de guardia ordenaba el levantamiento de ambos cadáveres.
Ángel, vecino de las víctimas, comentaba, aún muy afectado por las escenas vividas, cómo “tras escuchar los gritos del repartidor que dio el primer aviso, traté de abrir la puerta del piso utilizando una tarjeta, en este caso la sanitaria, como hago a veces en mi casa si no llevo llaves; pero no funcionó”, indica consternado. “La tarjeta se rompió y no pude auxiliarlas. Son puertas de acero y tienen tres puntos de anclaje”, lamentaba.
Para la vecina del piso contiguo al tercero G, en el que se encontraban las dos víctimas, “será muy difícil olvidar lo que viví; se oía cómo desde el interior del piso alguien intentaba abrir el pestillo. Pero no fueron capaces”, indica. Valentina apenas mantenía relación con los vecinos por su horario de trabajo, pues “salía a las 9 de la mañana y regresaba a las 9 de la noche, porque cuidaba de una mujer muy mayor en el centro de la ciudad”, explica María, vecina también del edificio.
Solo tenía un trato de profunda amistad con Pilar Carneiro, su vecina. “Valentina era muy buena y cariñosa. Su ilusión era jubilarse, visitar a su hermano en Estados Unidos y volver a Santo Domingo. En primavera Tina, como la llama su amiga Pilar, “iba a conocer a su nieta pequeña, que pensaba viajar a Ourense a visitarla. Estaba muy ilusionada y ya no podrá ser”, se lamenta su amiga y vecina.
Pilar amiga y vecina de Valentina, la víctima que lleva en la foto de su móvil INAKI OSORIO
“No he parado de llorar. Yo era la única persona con la que tenía amistad en el edificio. El sueño de mi amiga Tina era poder jubilarse y volver a su tierra, estar con su familia. Llevaba 14 años sin poder ir a Santo Domingo y ahora ya no puede ser”, se lamenta Pilar Carneiro, vecina del mismo rellano y amiga de Valentina, una de las víctimas.
Pilar insiste en que la fallecida “era de Santo Domingo, no de Venezuela como dicen. ¡Cómo no voy a saberlo, si era su amiga!”, exclama mientras muestra una foto de la víctima que lleva en el móvil.
“Ella tenía un hijo en Santo Domingo y en primavera iban a venir a Ourense primero la nuera con su nieta, de 2 años, a la que Tina aún no conocía y luego pensaba traer a su hijo”, explica Pilar, que aún recuerda que “siempre me decía, ‘Pilar, si me dan un mes de vacaciones te llevo a que conozcas mi tierra”.
Los efectivos de bomberos se llevaron también del piso siniestrado, los restos de Jon, un pequeño perro de raza yorkshire, del que la vecina, todavía conmocionada por lo ocurrido, no se cansa de contar anécdotas.
“Yo le sacaba al perrito muchas veces a pasear, porque Valentina trabajaba muchas horas. Aún no me puedo creer lo que ha pasado.” insistía, Pilar, aún en shock por lo ocurrido, como el resto de sus vecinos.
Los vecinos estaban ayer extremadamente nerviosos, tras un desalojo apresurado que se produjo en un día de intensas lluvias y en un edificio de protección oficial que tiene apenas 7 años, pero cuyas escaleras –la única vía de salida ayer al estar clausurado por seguridad el ascensor– están a cielo abierto, y ayer caladas por el agua, lo que, unido a las prisas por evacuar el inmueble, provocó varias caídas entre los vecinos.
Se desconocen las causas del fuego que, en cuestión de minutos, calcinó la vivienda. Fuentes próximas a la investigación señalan que, por el estado del piso y la rapidez con la que se propagó el fuego, este pudo comenzar en un dormitorio y, debido a alguna fuente combustible próxima, o al abrir alguna de las dos mujeres la puerta de esa habitación podría, según esta hipótesis no oficial, haberse producido la deflagración que propagó las llamas. La policía judicial investiga los hechos. Se llevaron pruebas como pasaportes, billetes de avión y huellas dactilares de las víctimas.
Vista de la urbanización donde se registró el fuego | // IÑAKI OSORIO
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