Les falta poco para llegar a la categoría de Papá Noel o de rey mago pero podrían serlo porque, seguramente, muchos de los regalos que se repartieron estas navidades en Lugo pasaron por sus manos y por sus furgonetas.
Desde el Black Friday, a finales de noviembre, hasta que termina en enero, en plenas rebajas de invierno, los paquetes de distintos artículos viajan a centenares, día a día, desde las naves de las fábricas donde se producen los artículos hasta los domicilios de los consumidores en tiempos casi récord y de un día para otro.
Por el medio, para garantizar el servicio, están los repartidores, que hacen una media de más de 100 entregas diarias de ocho de la mañana a nueve de la noche con una pequeña parada para la comida cuyo horario dependerá de cuándo esté en casa el próximo cliente pendiente de entrega.
"Nós empezamos sobre as oito da mañá, que é cando chegamos á nave. Colocamos a mercancía que veu de noite e repartímola por rutas. Ás nove e media, saímos a repartir. Paramos ás tres para comer e volvemos ás catro e media ata as nove da noite. Vimos entregando uns 120 paquetes ao día. Se coincide na semana do Black Friday, non traballamos doce horas senón catorce e nin paramos a comer", comenta Jesús Lázare, de Tipsa.
Este hombre lleva desde los 16 años como repartidor. Antes de estar en Tipsa, estuvo en Sanal y Cofaga. Era un trabajo más tranquilo: solo repartía medicamentos en farmacias. Con la explosión de la venta online en los últimos años, el trabajo de reparto de paquetería se multiplicó lo que, en cambio, no significa que las ganancias sean mayores. "As plataformas grandes pagan o que elas queren e pagan pouco. Trabállase máis barato para Amazon, para Inditex, para Aliexpress. Hai anos, os maiores clientes eran as empresas. Agora, son os particulares, que compran nestes sitios na súa maioría. E si, hai máis traballo pero tamén máis mal pagado e hai que facer máis horas. Ao final, non tes horario e pasas todo o día metido na furgoneta", explica.
Jesús reconoce que lo mejor de este trabajo es que se conoce a mucha gente con la que, incluso, se hace amistad. Especialmente, clientes de comercios. "Acabas coñecéndoos moito porque vas todos os días a levarlles paquetes. Eses momentos compensan os malos tragos que se pasan, ás veces, cos particulares, cos que o trato é peor", afirma.
Este repartidor tiene la zona del centro asignada, además de parte de la Avenida das Américas, los alrededores del parque Rosalía de Castro, Ramón Ferreiro, San Roque y As Fontiñas. Pero la mejor zona es, para él, la de los polígonos de O Ceao y As Gándaras. "Aí apárcase fácil e entras na nave e entregas. Cando vas facer entregas a particulares, chamas, agardas un chisco a que che abran, colles o ascensor para subir, entregas, baixas de novo... É moito o tempo que se perde!", indica.
Acabas coñecéndoos moito porque vas todos os días a levarlles paquetes"
A estas alturas, Jesús reconoce que su furgoneta cargó todo tipo de paquetería para entregar. "Repartín de todo: desde calzóns a robots de cociña, cintas andadoras ou peixe para os restaurantes traído da lonxa. Iso é o peor porque solta un pestazo terrible que dura días na furgoneta!", cuenta.
La profesión se presta a miles de anécdotas diarias. Algo muy habitual es que los clientes le salgan al camino a la furgoneta, pero también, en ocasiones, prestan ayuda a los clientes en tareas que no tienen nada que ver con su trabajo. "Unha vez axudeille a unha muller a desmontar o televisor e empaquetalo para levalo a arranxar. Noutra ocasión, non lle funcionaba o pulsómetro a unha persoa maior e era porque non tiña baterías", comenta este repartidor de Tipsa.
José Luis Roibás, de GLS, lleva en el sector de la paquetería doce años. Irrumpió en este trabajo como autónomo, tras quedarse en el paro y ver que el reparto de paquetes se convertía en un mercado emergente. "Esto es lo que, ahora mismo, más se está demandando por la subida de la compra online. Cada vez hay más trabajo pero cuando más hubo fue en la pandemia", dice.
En muchos casos, las visitas a un mismo cliente son frecuentes, por lo que los repartidores acaban conociendo los horarios y las costumbres de la clientela. "Hay clientes de los que ya te sabes su DNI de memoria y de los que conoces sus horarios. Incluso, a veces, también sabes dónde trabajan y les acercas el paquete a su lugar de trabajo", señala Roibás, quien añade anécdotas con la clientela tan sorprendentes como "la devolución de un consolador Satisfyer por ser negro en lugar de rosa o el recibimiento de alguna clienta en bata o ropa interior pensando que era el marido quien timbraba a la puerta y no el repartidor".
A principios de mes, suele haber muchos más pedidos que el resto de los días, "un 20 por ciento más", afirma. "Hay firmas de cosmética que envían muestras a principios de mes", añade.
Ahora también los abueletes piden cosas por internet y saben firmar en la PDA y enviarte la ubicación, lo que antes de la pandemia era impensable"
La mayoría de los clientes son mujeres, aunque los hombres les van a la zaga. Ellas piden, sobre todo, ropa. Ellos, artículos de electrónica y bricolaje y recambios de automóvil. Lo que también percibió este repartidor es que cada vez se amplía más la edad de la clientela. "Antes, el comercio online era solo para los que tenían hasta 40 años. Ahora también los abueletes piden cosas por internet y saben firmar en la PDA y enviarte la ubicación, lo que antes de la pandemia era impensable", dice.
Como empresario, Roibás habla de que se trabaja en la paquetería con unos márgenes muy justos. "Todas las empresas cierran llenas de paquetes. Es un sector muy ratonero. No por tener más paquetes, se gana más porque se gasta mucha luz y mucho combustible y lo que pagan las grandes plataformas es poco. También suele haber bastantes impagados porque hay veces que trabajas para una empresa y el día 30 cierra definitivamente y te quedas sin cobrar", indica Roibás, que considera, a su vez, que el trabajo de repartidor debería estar "mejor pagado".
"Es un trabajo duro en el que tienes que aguantar frío, lluvia o arriesgarte a un accidente. Hay días con tres horas para comer y otros, con media, y tienes que comer antes de las dos porque a esa hora de la comida es cuando más gente localizas en casa y te adaptas aunque hay gente que incluso te plantea que la esperes veinte minutos, como si no tuviésemos más que hacer. A veces, nos sentimos incomprendidos", dice.
El trabajo de repartidor es mayoritariamente masculino. En gran parte de las empresas radicadas en Lugo, todos sus trabajadores son hombres.
"Todos los paquetes que movemos andan entre 1 y 3 kilos, por lo que este trabajo podrían hacerlo las mujeres igual, lo que pasa es que sigue habiendo la idea del transporte de palés. En GLS, solo tenemos dos chicas y son más ordenadas que los hombres", comenta José Luis Roibás