Lamentablemente, la humanidad está más deshumanizada que nunca. Somos incapaces de ayudar a una persona desconocida que tiene un tropiezo en la calle ante nuestros ojos y necesita ayuda. Ese es el caso que mi hermano vivió hace solo unos días. La edad, pequeñas dificultades de movilidad por su peso, una gran maleta y una más que evidente falta de costumbre a la hora de desplazarse en transporte público le llevaron a sufrir una aparatosa caída en la escalera mecánica a la salida del metro, a punto de embarcar en el AVE dirección valencia donde iba a ir a recogerle, para que pasáramos las navidades juntos.
A punto de coger el tren recibo una llamada y me habla una mujer y me dice que no me preocupara, mi hermano se había caído y no era nada grave, que le iban a acompañar en el viaje, y que él tenía sus dudas de viajar dolorido y con el susto de la aparatosa caída, y que no me preocupara que no dudara en viajar y aquí en Valencia, le prestarían servicios médicos si así lo considerábamos al finalizar el viaje.
En un primer momento, aunque parezca increíble, nadie se acercó a socorrerle. Afortunadamente, una joven de 14 años y su madre que se encontraban cerca no se lo pensaron dos veces y acudieron en su auxilio. Ayudaron a mi hermano a incorporarse y recogieron su maleta del suelo. Le acompañaron a su asiento, le colocaron su gran maleta, y le curaron las heridas de los dedos de la mano izquierda, dolorida como consecuencia de la caída, pero aún más importante que todo eso; le mostraron su cariño y su solidaridad durante todo el viaje.
Durante el viaje le llamé en varias ocasiones y me dijo que estaba bien, que solo le dolían los dedos de la mano izquierda. Al finalizar el viaje, obviamente estaba deseando ver a mi hermano y a las personas que le prestaron su auxilio. Fueron los últimos viajeros en salir, los vi acercarse y al principio como venían detrás de otra familia pensé que viajaban acompañados de más personas, y empecé a dar las gracias a gente ajena al suceso.
Y aparecieron una niña, de sonrisa alegre y su madre. Se iban sin identificarse ni dando importancia a la muestra de solidaridad y amabilidad del gesto que habían realizado, y yo claro quería saber más para poder devolver de alguna forma, el gran corazón que tuvieron con mi hermano. Yo, al mirar a esa niña, sonrió dulcemente sin decir nada y su madre me dijo que eran valencianas y su hija era Lucía Casani, y que participó en el equipo de David Bisbal y nos deseamos Feliz Navidad.
Después de hablar con mi hermano lo entendí todo. Como no podía ser de otra forma en la última audición a ciegas un gran artista como David supo apreciar la luz no solo de la voz, sino del gran corazón que tiene Lucía Casani, que pasó brillantemente en programas como La Voz Kids y Idol Kids.
Felizmente, hay personas como Lucia Casani, niña que lleva también en su mochila de Doraimon lo que hoy más que nunca falta tanto en la humanidad y en la juventud: solidaridad y bondad con cualquier persona, sin importarle quien sea.
Valga este escrito para hacer público nuestro agradecimiento a esta joven y a su madre, personas que son un ejemplo para todos.
Gracias a Lucía Casani que antes de las Fiestas de Paterna ya iluminaste nuestros corazones, y en silencio, con sus hechos.
Feliz 2023, Lucia Casani Navarro, te deseamos mi hermano y yo que se cumplan todos los deseos que llevas, no solo en la mochila de Doraimon, sino en tu corazón.